CANDYMAN LA SORPRESA DEL VERANO

*Esta crítica contiene spoilers, léela bajo tu propio riesgo.

En los últimos años el cine de terror ochentero y noventero, ha sido objeto de múltiples rebots y secuelas tardías de las sagas más conocidas de la época, estas revisiones por lo general, no han sido muy exitosas dando un producto en algunos casos correcto pero falto de la “chispa” que hicieron famosas a sus originales.

Candyman es un ejemplo actual de esta tendencia, la película es una secuela directa del original de 1992, el film no elimina ninguna de las dos olvidables secuelas pero si que pone un punto y seguido desde la primera tanto en historia como en calidad.

Candyman 2021 es una película que demuestra no estar realizada de forma automática, nos encontramos con planos interesantes y una fotografía más que correcta, se consigue crear la atmósfera fría e impersonal que en el primer film veíamos materializada en los edificios del ghetto, es agradable que un film de terror en esta época huya del ambiente gótico sobrenatural que inunda este tipo de producciones actualmente.

Un detalle interesante son las pequeñas historias animadas con marionetas que van aclarando las diferentes historias que aparecen en el film.

Quizás uno de los puntos más flojos es la música, obvia el tema principal de Candyman creado por Michael Reisman y utiliza en algunos momentos un sonido demasiado estándar que aunque efectivo acaba volviéndose impersonal.

Otro pequeño problema del que sufre la cinta son los efectos especiales, correctos cuando se trata del uso de los de tipo practico, pero escasos baratos cuando se trata de los digitales, por suerte estos son utilizados muy poco en el film, lo que hace que no chirríen tanto.

La historia, dirigida por Nia DaCosta, utiliza la leyenda de Daniel Robitalle para adentrarse en el Black Horror, un subgénero que toma como punto de partida el racismo para crear historias de terror contemporáneas y que podemos ver desarrolladas en propuestas como Déjame salir, Us y Them. Candyman usa el germen de la historia para crear una denuncia ha situaciones como las denunciadas por el Black Lives Matter.

DaCosta juega para despistar al espectador con la posibilidad de no encontrarnos con una secuela sino una nueva versión de la historia, para luego magistralmente fusionar todo con la película original, Candyman se convierte en una alegoría de la violencia racista de un país que ha respondido a las diferencias con brutalidad y miedo. Candyman no deja de ser un producto del odio.

Los actores (Yahya Abdul sobre todo) aportan unas interpretaciones más que correctas , no nos encontramos con los nuevos Oscar del año, pero sin duda defienden sus personajes y aportan veracidad a unas situaciones extremas.

Un detalle interesante es el juego con los espejos, el personaje vive en otra dimensión que puede cruzar cuando quiera, un recurso narrativo que da mucho juego y que la directora sabe explotar.

Nia DaCosta con su Candyman se ha convertido en la primera mujer afroamericana con un número uno en la taquilla con un producto a la altura de las expectativas sin duda, una gran opción si queréis pasar un buen rato de terror.

P.d.: se hubiese agradecido un poco más de participación de Tony Todd, pero claro, todo no se puede tener.

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